El sobre
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“¿Quién lo habrá dejado aquí? Estoy mirando uno a uno y no soy capaz de averiguar quién puede haberse atrevido. Lo mejor será ignorarlo de momento y ver si alguno de ellos se interesa por él o por mi reacción. Si supiera lo que hay dentro, tendría la oportunidad de responder a lo que fuera. A nadie se le nota nervioso. Pienso que a lo mejor será que lo deje descuidadamente en otra mesa, en la de José. ¡Ya mismo!”
“¿¡¡Qué coño es este sobre!!? Ni señas ni nada. ¿Cómo diantre ha llegado aquí? Joder, no he visto a nadie acercarse a mi mesa. ¡Me cago en la madre del gracioso! Seguro que ha sido la pedante de la “Pilimierda” esa. Se lo dejaré de nuevo en su mesa, a ver si tiene cojones de traerlo de nuevo. ¡¡Se lo meto por el orto, seguro!!”
“¡¡Huy!! ¿Y esto? Estoy segura de que no estaba aquí hace un instante. No tiene señas. ¿Quién me lo habrá dejado? Algún graciosillo quiere que pique en el anzuelo. No seré yo el hazmerreír. Segura estoy del mamarracho del Segura. A saber qué guarrada me ha dejado. Seguro que es un pene descomunal (ja, ja, ja). Se lo voy a dejar a Dolores, con lo estrecha que es, igual le da algo (ja, ja, ja)”.
“¡Bueno! Ya está el Antonio otra vez con sus mensajitos. No se cansa, el tío. A mí no me coge ni por asomo, que ya he oído cómo habla de la pobre Pili y sus fines de semana en el campo. Mira tú por dónde, se lo voy a dejar al jefe, para que le dé una lección al salido ese”.
“Vaya, hombre. ¿A ver quién me ha dejado este sobre aquí? No lleva remite. ¿Qué será? Ahora que la oficina funciona tan bien. Me niego a recibir notitas o acusaciones de uno u otro. Lo mejor será que lo rompa y lo tire a la basura”.
…»
¿Pero qué ponía? ¡¿qué ponía?!
A mí no se me puede dejar con esta incertidumbre, venga ya.
Lo mejor es eso: no saber lo que pone. Cada vez me gusta más este cuento…